MARADONA CON SADE
*Publicado en La revista Colombiana de Psicoanalisis en VOl 6, año 2001.Publicado en la revista de La Sociedade de Psicoanalise de PortoAlegre, año 2004.Publicado en la Revista on line de INTAMED, AÑO 2004Presentación La aplicación de psicoanálisis es una de las prácticas posibles que surgió con el advenir de esta nueva ciencia de la naturaleza, como Freud mismo quiso situarla, en defensa de intereses que querían ubicar al psicoanálisis como una ciencia del espíritu. El método aplicado a ámbitos exteriores al estudio del funcionamiento de la mente humana, es quizás una de las posibilidades más controvertidas, en relación a las otras tres modalidades: como instrumento terapéutico, como teoría del comportamiento humano y por último, como metodología de investigación. Por otra parte los trabajos sociales en la obra de Freud, guardan una riqueza que ha permitido una visión profunda de ciertos fenómenos de masas y de hechos históricos, que aportaron intelecciones novedosas sobre la cultura. Este escrito tiene el cometido de articular desarrollos de ambos, Psicoanálisis aplicado y Psicología de las masas, a través de lo que fue públicamente informado sobre la vida de un sujeto y su entorno, Diego Maradona, quien llegó a ser una de las personas más populares en cierto momento de la historia de la humanidad, ya que por encuestas realizadas en esos años se dedujo que era más conocido mundialmente que Jesucristo y que el Papa.
Protagonismo histórico
La Argentina se vio periódicamente conmovida por los avatares de la vida de este personaje, que se había constituido en un ídolo internacional y nacional debido a sus extraordinarias condiciones futbolísticas, que lo llevaron a situarse en la cima mundial de ese deporte. Sólo valía la comparación histórica con Pelé, el número uno indiscutido hasta la aparición del astro argentino.
Por la experiencia en psicoanálisis es frecuente encontrar en la vida adulta de un sujeto, un factor descencadenante actual que impulsa la irrupción de determinada problemática mental de índole diversa. Es a partir de 1986 con la posibilidad de superar al destacado deportista brasileño, que empiezan los quebrantos deportivos y personales en la historia de Diego Maradona. La situación de rivalidad que evoca la conflictiva edípica de un hijo con su padre (real o simbólico), es habitual disparador de trastornos mentales.
El primer dopping positivo lleva a Maradona a dejar el país europeo en donde jugaba, recibía entonces multimillonarios pagos por desplegar sus virtudes en el fútbol, que era y es el deporte más popular del planeta. Se despidió acusando persecutoriamente a la mafia y al racismo existente en ese país, pero sin hacerse cargo ni siquiera mínimamente del asunto. Es importante señalar que las ansiedades paranoides o persecutorias son incrementadas por el clorhidrato de cocaína, alcaloide derivado de la planta de Erythroxylon coca. El pueblo argentino aferrado fuertemente a la idealización de “Maradona genio” cree en su explicación e inclusive refuerza la idolatría transformándolo en el defensor de las partes discriminadas y marginadas del mundo.
Fue antes de ser transferido a Clubes europeos, cuando empieza a cobrar importancia el llamado “entorno de Maradona”, en el cual se mezclaban nuevos amigos con los de antaño y representantes, encargados de hacer los contratos comerciales futbolísticos y publicitarios, que generalmente eran de millones de dólares. Se encubría ya un enlace que es digno de subrayarse, que iba más allá de un servicio de gerenciamiento o de un vinculo afectivo de amistad. Se empezaba a gestar un pacto entre un corruptor y en ese momento su partenaire, similar a la unión entre Dolmancé y Eugenia, los dos protagonistas de “La Filosofía en el Tocador” del Marqués de Sade.
En un trabajo presentado el XX Simposium de la Asociación Psicoanalítica Argentina en 1988 sobre “Perversión”, Willy Baranger y colaboradores mediante la aplicación del psicoanálisis al texto literario, desarrollaron la idea de que en sujetos con tendencias perversas puede rastrearse en la infancia escenas de iniciación parafílicas. En estas últimas es muy frecuente encontrar la figura del corruptor, que es introyectada en el psiquismo del niño, reactualizándola activa o pasivamente en la vida adulta.
En el texto del “Divino Marqués”, Dolmancé es un instructor dedicado a la educación sexual libertina de jóvenes. Allí se plantea el encuentro de iniciación con la joven Eugenia, partenaire deseosa de una vida con gran libertad sexual, identificada con su padre, de quien se refiere una vida promiscua y que aprueba este tipo de educación para la hija. La madre muy diferente, trata al final del drama de salvar a la hija, pero Eugenia en unión con Dolmancé y el grupo, la someten a una terrible profanación.
Si bien en la historia de Maradona, la iniciación y el adoctrinamiento no estaban directamente relacionados con la sexualidad como en el texto de Sade, sino con la provisión de cocaína, la estimulación al desenfreno y a la juerga, en contra de la disciplina que se necesita en un deporte de alto rendimiento como el fútbol profesional, podemos pensar que el mecanismo instrumentado es similar. Dolmancé, en el texto literario, es la cabeza pensante, el encargado de las charlas teóricas sobre sexualidad perversa y a la vez, el organizador de las lecciones prácticas en el adoctrinamiento de Eugenia, que muestra ser una alumna bien dispuesta para esta enseñanza.
En ese entorno de Maradona debe haber actuado un instructor hacia “la vida con cocaína”, que va más allá de la droga y que encontró predisposición en el futbolista, quien seguramente entonces, no era del todo consciente del perjuicio que traía aparejado dicha vida licenciosa. Puede servir como símbolo del costo de la enfermedad mental del astro argentino, lo que podemos económicamente estimar: fue mucho más lo que Maradona dejó de ganar monetariamente por la adicción a la cocaína, que lo cuantioso que ganó en su carrera deportiva. El Dolmancé del “entorno” no fue ingenuo ni tonto en esta historia, sabía que la dependencia creada a través de esa sustancia le daría mucho más dominio y poder sobre él, “multimillonario nuevo”, quien de esa forma no podría cambiar caprichosamente de amigos o de representantes. Si se lo vinculaba a través de la provisión de actividades prohibidas que debían mantenerse en el más riguroso secreto, el pacto y la dependencia creada se transformaría en algo fuerte y seguro. Además la cocaína, al ser fuente de intenso goce narcisista y hedonista, era capaz de competir exitosamente con las ovaciones de estadios colmados, contratos millonarios, fama y trascendencia internacional.
Sorprendente resultó al realizar este trabajo, la concordancia con algunas concepciones que Henri Ey tenía en 1971, seis años antes de su muerte. Este psiquiatra francés que fue camarada de internado de Lacan en el Hospital Sainte Anne durante la década de 30, defendió una concepción humanista y psicoanalítica de la Psiquiatría. Fundó en 1950 la Primera Asociación Mundial de dicha especialidad, los norteamericanos posteriormente se apropiaron de la misma creando la WPA (World Psychiatric Association), que sería precursora de la Asociación Psiquiátrica Americana, difusora y creadora del DSM IV, el cual en partes sustanciales promueve el organicismo y las terapias cognitivas en contra del psicoanálisis, que tanto defendió Henri Ey.
También fueron famosos los Coloquios de Bonneval dictados por él, que congregaban a gran parte de la “intelligenza” francesa de mediados del siglo pasado: psiquiatras, psicoanalistas e intelectuales de otros campos reunidos en un clima abierto y adogmático. Todo este desarrollo científico y profesional junto con los textos publicados, lo llevan a la siguiente comparación paradigmática: Henri Ey fue para la historia de la psiquiatría francesa lo que Lacan para la Francia psicoanalítica.
Este preámbulo sólo sirve para introducir valiosas citas del Tratado de Psiquiatría de Ey, Bernard y Brisset de 1978, con él que se encuentran coincidencias importantes en ciertas postulaciones de este escrito: “ningún tema de la práctica psiquiátrica ha sufrido una modificación tan profunda, desde la primera redacción de este Tratado en 1960, como el de toxicomanías: La evolución en América y después en Europa de las toxicomanías en los jóvenes como fenómeno masivo, ha transformado los términos del problema. [...] La conducta del toxicómano constituye una perversión que satisface completamente su necesidad (búsqueda del placer y evitación del sufrimiento mediante la absorción habitual e imperiosamente exigida de uno o varios productos llamados tóxicos, precisamente a causa de su elección por adeptos a esa conducta). Se asemeja a las perversiones sexuales en la medida en que posee la característica fundamental: la regresión a un placer parcial; sería un abuso del lenguaje hablar de toxicomanía fuera de tales criterios. No se puede definir la toxicomanía como el uso habitual de uno o varios productos (todos los alcohólicos por ejemplo no son toxicómanos), sino que debe ser definida por la conducta especifica de tipo perverso que constituye una regresión instintivo afectiva, un verdadero desequilibrio de la integración de pulsiones.”
Vivenciar traumático accidental
El factor actual como coparticipante en la etiopatogenia, fue pensado por Freud como tercera serie complementaria. Según algunos autores posfreudianos, como Ricardo Bernardi, psicoanalista uruguayo que planteó que las circunstancias actuales han sido menospreciadas o poco tenidas en cuenta en la tarea clínica y en desarrollos psicoanalíticos prácticamente durante un siglo, en un trabajo de 1988 titulado: ”Vulnerabilidad, desamparo psicosocial y desvalimiento psíquico en la edad adulta.”. Cito fragmentos del mismo para ejemplificar: “lo que Freud denomino el “ vivenciar traumático accidental del adulto”, considerándolo como factor desencadenante[...] no logró acaparar la atención de la producción psicoanalítica, que quedó más bien en manos de los estudios sobre el condicionamiento o el aprendizaje que procuraron relacionar las modificaciones del comportamiento con aquellos estímulos que podrían explicar su aparición o su mantenimiento. (Referencia al cognitivismo y al neoconductismo)[...] El grueso del interés psicoanalítico se dirigió en cambio, hacia las raíces infantiles de las vivencias actuales[...]”.
Otra cita de interés: "Sin embargo[...] el impacto de los microtraumatismos del presente sobre la salud física o mental parece hoy en día incuestionable. A su vez diversos autores (citados por Lazarus y Folkman, 1986), han señalado que la edad adulta es también el asiento de transformaciones psíquicas mayores. Esto reabre el interés acerca del “ vivenciar traumático del adulto”. [...] La investigación psicosocial del mismo ha apuntado a distintas variables[...] dos de especial relevancia:
a)Los sucesos vitales interesantes: [...] Para este fin se toma en cuenta[...] la intensidad y cambio que un suceso dado introduce en la vida de una persona[...]. Se comprobó que cuanto mayor sea el grado de cambio en la vida de una persona durante uno o dos [o más] años, tanto mayor es la posibilidad de enfermar en los años siguientes”. La introducción de la cocaína en la vida del jugador de fútbol es un suceso imposible de negar a la altura actual de los acontecimientos sucedidos. Quizás no se pueda precisar el momento histórico exacto y por ende la cantidad de años de afección, así como si hubo momentos libres de adicción, pero por las consecuencias últimas se puede conjeturar que fue mucho tiempo de accionar de tóxicos. Tampoco podríamos hablar literalmente de que dicha introducción fue un suceso “vital”, por las consecuencias destructivas que tuvo tanto para el físico del otrora jugador magistral, como para su carrera profesional y en su vida afectiva.
“Un importante número de investigadores, siguiendo a Seyle y a Cannon, han mostrado las modificaciones que se producen a consecuencia de las situaciones estresantes en los distintos sectores del organismo: vasculares, endocrinos, hormonales e inmunológicos”. La condición estresante de la cocainomanía en Maradona, con sus repercusiones sobre el aparato cardiovascular y el Sistema Nervioso Central, son pasibles de investigación médica, así como sus secuelas.
.b) El soporte social: ”se ha podido demostrar que soporte social actúa no solo como colchón o “buffer” frente a los agentes estresantes, sino también como factor relacionado con la aparición de las diversas enfermedades físicas y mentales e incluso asociado a la tasa de mortalidad”.
Se puede relacionar aquí el mencionado entorno social y familiar de Maradona, como dato a tener en cuenta. En realidad, dicho entorno que participó como soporte social podría ser entendido como “antibuffer”, ya que impulsó más hacia la caída del futbolista en los trastornos drogadependientes, que como defensa o soporte en contra de los mismos.
Derrumbe
Al poco tiempo esta relación anteriormente citada entre el corruptor y su víctima, cambia a la de un vínculo de logia fraterna y sociedad secreta para la juerga, pasando a ser los dos co-responsables de la profundización en la carrera de la poliadicción: se supone que se fueron agregando a la cocaína, anfetaminas, anabólicos, estimulantes del Sistema Nervioso Central y del rendimiento físico, así como alcohol y psicofármacos. Por supuesto esta otra carrera paralela, empezó mermando la capacidad deportiva de Maradona y luego suprimiéndola totalmente. Inclusive el deterioro mental y físico, actúa como mecanismo de anulación de las glorias del pasado, con actos bizarros de violencia y daño a terceros, transgresiones de la ley, escenas de patoterismo, cataratas de problemas de pareja y familiares.
Sobre los trastornos de adicción a sustancias en el apartado dedicado a la cocaína, desarrollado en 1998 por los psiquiatras dinámicos norteamericanos Kaplan, Sadock y Grebb (basados en el DSM IV), se destacan los siguientes conceptos: “La cocaína es una de las sustancias adictivas de las que más se abusa y una de las más peligrosas”. Como reseña histórica aparecen datos de interés: se la aisló por vez primera en 1860 y fue a partir de 1914 que se la clasificó en el grupo de los narcóticos conjuntamente con la heroína y la morfina, debido al descubrimiento de su marcado potencial adictivo, describiéndose importantes efectos deletéreos para la salud como acompañantes de su utilización crónica.
Cito los siguientes datos epidemiológicos obtenidos en Estados Unidos, país de notable desarrollo de esta área: ”En 1998 había un millón novecientos millones de norteamericanos que habían consumido cocaína el último mes [...] No obstante el consumo de esta sustancia está actualmente en declive. Este decremento se debe básicamente al mayor conocimiento de los riesgos que conlleva su consumo. El conocimiento se ha visto potenciado por las campañas sanitarias publicas [...] Los descensos en la sociedad norteamericana se han notado poco debido al aumento en la última década por el consumo de crack, una forma de cocaína más potente y económica [...] En 1991, el 12% de la población de USA había consumido por lo menos una vez y un 1,9 % había consumido crack”.
Como estudio en los grupos poblacionales diferentes en condición socioeconómica y etnia, es de destacar el siguiente estudio: “el consumo de cocaína es más alto entre los desempleados, aunque también es consumida por personas de grupos socioeconómicos altos. Los hombres dos veces más que entre las mujeres. Se ha reducido su consumo entre las personas blancas y de color, entre los hispanos se ha incrementado”.
Referido a las consecuencias sobre la salud física es de destacar los siguientes párrafos: “La cocaína es una sustancia peligrosa asociada no sólo a trastornos de conducta muy importantes, sino también a problemas médicos graves[...]. Los efectos cerebrovasculares más comunes son los infartos cerebrales no hemorrágicos. El mecanismo fisiopatológico que subyace a estos trastornos vasculares es sin duda la vasoconstricción [de arterias y arteriolas que irrigan los hemisferios cerebrales]. [...] Los infartos de miocardio y las arritmias son seguramente los trastornos de este tipo más relacionados con la cocaína. Los infartos cerebrales cardioembólicos pueden ser la complicación que seguiría” [aumentarían como consecuencia].
Al tiempo de regresar de Europa Maradona es detenido en Buenos Aires, sumamente afectado por compartir con otros hombres, importantes cantidades de droga que por el monto de la misma los convertía en “portadores”, situación que requirió intervención de la Justicia de la Nación. Por primera vez se asume públicamente la afección a la cocaína y tiene un seguimiento judicial, a la manera argentina: es famoso y líder de las masas por lo que recibe trato preferencial, más condescendiente que el resto de cualquier ciudadano tipo.
Nuestro país con su tendencia a la desmentida, minimiza la enfermedad de su ídolo nacional y la opinión publica le marca una ilusoria dirección de la cura: volver a jugar al fútbol y meter goles, recibiendo el amor pasional de las masas, rodeado de amigos y familia, bajo la cobija tierna de la tierra que lo vio nacer.
Infiero que el factor de la participación del Poder Judicial en este caso, actuó como facilitador del consecutivo fenómeno de masas que se dio en la Argentina en ese momento: la renegación de la enfermedad. La Argentina desmintiendo situaciones mucho más graves y ominosas, como torturas, desapariciones, abolición de los Derechos Humanos, había tenido un excelente entrenamiento durante las pasadas dictaduras militares.
A partir de entonces las intenciones del Dolmancé de Maradona empiezan a salirse de lo previsto: él hasta entonces discípulo mancebo se transforma en un apasionado practicante, desfrenado por la “blanca” forma de obtención de placer y se entrega intensamente al hedonismo por sustancias. Así el anterior corruptor se ve superado por el otrora alumno, apareciendo situaciones de descontrol y complicaciones legales cada vez más reiteradas en la vida del crack futbolístico. Se reduce de esta manera el negocio Maradona, se rescinden contratos de megaempresas por el mal ejemplo público que da su enfermedad y después de un corto pasaje por el fútbol español, ningún club importante fuera de la Argentina se interesa por él. Abandonos y retornos a la competencia profesional nacional, algunas muy exitosas, otras de pobre rendimiento, signan el transcurso de los comienzos de la década de 90. Hasta que en 1994, otra vez por un control antidopping positivo lo dejan fuera de una competencia mundial y lo sancionan con dos años de exclusión del fútbol profesional.
Tristeza, bronca y dolor sacude al pueblo Argentino que llora junto a su héroe que anuncia a cuatro vientos: ”...Me cortó las piernas el presidente de la FIFA, por ser líder gremial...”. Se repite la proyección en un enemigo externo, una parte de la Argentina empieza a dudar de la credibilidad del discurso de Maradona y su entorno, pero la otra gran mayoría se aferra al futbolista y niega la gravedad de su enfermedad, apelando a la repetición casi publicitaria de los mejores momentos deportivos de este prodigio en la cancha; mirando así solamente su mejor perfil. Él pasa a ser elenco del “jet set argentino” rodeándose de políticos, actores, modelos y algunos empresarios, que llenan páginas a todo color de revistas nacionales de actualidad, con algún exabrupto o escándalo habitual, que alimenta el status de “famoso y ser público”.
Final
Con el comienzo del siglo, Maradona sufre una afección cardiaca producto de excesos de sustancias adictivas que llevan al deterioro de más de un tercio del corazón, en un hombre de 40 años. Se lo interna en distintas instituciones médicas donde resulta un “paciente difícil”, por la imposibilidad de frenar la impulsión a las drogas. Llamativamente no se hacen o no se habla de estudios neurológicos de último avance para determinar cuanto puede estar afectado el SNC, particularmente la corteza cerebral. En más de diez años de adicción crónica a múltiples drogas pesadas, es posible que el daño sea visible.
Otra vez, una parte de la Argentina conmovida lo sospecha, observando impávido, el notorio deterioro físico y la pobreza discursiva de quien fue su ídolo nacional. Otra parte lo desmiente, ilusiona una mejoría rápida, deduce que si pudo ser tan gran deportista podrá ser capaz de rehabilitarse pues basta un cambio de aire o de color de pelo, del sistema político y de unos meses de rehabilitación preferencial para curarse. Pero día a día los incidentes que ocasiona Maradona y su entorno, junto a sus vaivenes anímicos, la perdida de control de sus impulsos y la pobreza ideativa que se trasmite en los medios de comunicación, atenta contra la feroz renegación popular. El pronóstico es reservado, más aún cuando Maradona y su entorno no adquieran consciencia de la gravedad de la afección mental, primer paso indispensable para después luchar contra el mal hábito. La pregunta comienza a flotar: ¿cómo alguien que fue tan dotado para dar alegría al corazón de los pueblos, prefirió el goce autoerótico y egoísta de la estimulación de las drogas?.
Este tema es de interés para investigarlo metapsicológicamente: ¿qué relación puede haber entre llegar a ser “ídolo de masas” y el autoerotismo?. Surge entonces, la posibilidad de introducirnos en la intelección de dos aspectos relevantes: el de la evolución libidinal y el del destino pulsional.
El primero, el evolutivo resulta más novedoso al plantear la hipótesis de la existencia de un estadio de “autoerotismo primario” durante el desarrollo psíquico temprano. Sería un estado análogo al descripto por Freud como narcisismo primario durante el primer año de vida, en su trabajo “Introducción del Narcisismo” de 1914, pero de ninguna manera excluyente con él.
De hecho estaría aludido dicho tiempo evolutivo en el mencionado texto cuando Freud plantea la idea que por un “nuevo acto psíquico” se gestará el narcisismo, como paso consecutivo a un estadio previo de pulsiones autoeróticas polimorfas, sin que lo nomine a este último como autoerotismo primario, pero dándole los adjetivos de “iniciales y primordiales”.
Dicho estado busca mediante la idolatría de las masas reeditarse y a su vez revivirse. La excitación heterogénea, irregular y con distintos estados de intensidad del autoerotismo primario guarda similitud con lo que se observa en las masas con su líder. Se piensa entonces al ídolo popular proyectando su cuerpo en la gente que lo aclama, como si fuera un magma único en estado de excitación placentera, aunque vivido este encuentro por ambas partes sin percepción consciente. En el estadio inicial de autoerotismo primario, las pulsiones son parciales, anárquicas y desordenadas como también se puede observar en una visión panorámica de un evento multitudinario.
Se puede suponer en consecuencia que el ideal que mueve a un sujeto a buscar una actividad como el deporte de masas, las artes, la oratoria y la política, es el que funciona como señuelo inconsciente para moverse en el camino de regresar mediante la sublimación pulsional, al placer de ese estadio infantil antiguo habitualmente superado y olvidado. Es la situación de aquellos individuos que mediante el desarrollo de dotes extraordinarias en algunos de estos campos, logran alcanzar el reconocimiento de las masas, la fama y el éxito. La concreción de ese ideal en la adultez se podría denominar “autoerotismo secundario”, porque reencuentra el estado de autoerotismo primario resignado.
Es conveniente aquí realizar algunas aclaraciones de ciertos puntos del marco referencial teórico que se utiliza en este trabajo, para de esta manera dejar sentada la posición desde la que se escribe. Estos conceptos son los siguientes: relación de objeto, teoría de las pulsiones y la introducción de la palabra autoerotismo en la doctrina del psicoanálisis.
Fundamentos teóricos
Como fue investigado y desarrollado por diversos autores, fue Sigmund Freud quien tomó el término de autoerotismo del sexólogo Havelock Ellis, quien lo utilizaba en sentido amplio, descriptivo y también popular. Ellis en su tratado de 1898, se refería por autoerotismo a las conductas sexuales de individuos adultos que se satisfacen con alguna parte de su cuerpo en ausencia de otra persona, prácticamente como sinónimo de conductas masturbatorias.
De igual manera que lo hizo con “narcisismo”, Freud introduce el concepto de autoerotismo desarrollándolo en forma profunda y con especificidad científica. Así aparece en sus “ Tres ensayos de Teoría Sexual” de 1907, en donde además le otorga un status metapsicológico. Fue a partir de esta última obra citada que podemos encontrar articulaciones entre los desarrollos del concepto de pulsión y la condición autoerótica de las mismas durante la infancia temprana. El creador del psicoanálisis planteó entonces que uno de los elementos constitutivos de la pulsión es el objeto, además de sus otros tres componentes: empuje, fuente y meta.
Se pasará a explicar como se articula en esta investigación el autoerotismo, el narcisismo y el desarrollo pulsional en la primera infancia. En el autoerotismo el objeto de las pulsiones es el propio cuerpo, inicialmente fragmentado, anárquico y polimorfo, es donde existen las denominadas “pulsiones parciales” sin referencia todavía a la imagen unificada del propio cuerpo, que se logra cuando se constituye el narcisismo y el primer esbozo del Yo.
Este estadio de vivencias corporales anárquicas y parciales es denominado por Lacan “imagen del cuerpo fragmentado”, lo ejemplifica a través de la pintura de Jerónimo Bosch y lo observa con marcada frecuencia como fenómeno regresivo en las sensaciones hipocondríacas de desestabilizaciones psicóticas. La unificación de la imagen de sí no invalida el accionar de las pulsiones parciales, que funcionan a veces tomando como objeto partes del propio cuerpo y otras veces, objetos externos. Ni la primacía genital hace desaparecer a las pulsiones parciales, en todo caso las supeditan e integran a ella, en los aquellos individuos con desarrollo psíquico trófico.
La noción de autoerotismo adquiere una especial significación a partir de la teoría sexual que aportó el psicoanálisis. La investigación que realiza Freud en numerosos de sus escritos sobre la actividad infantil temprana, lo lleve a descubrir una situación de marcada importancia para la estructuración del aparato psíquico: el objeto de la pulsión es contingente. El científico vienés observa que existen formas de obtención de placer que se separan de las necesidades de autoconservación y también de los objetos amorosos externos. En la sexualidad humana, esta condición recién mencionada es creadora del campo simbólico y del mundo fantasmático.
El concepto de “relación de objeto”, ambiguo y poco desarrollado en la obra freudiana, se transforma en una temática de discusión en psicoanálisis y da lugar a importantes desarrollos teóricos. Comienzan a partir de 1924 cuando Karl Abraham destacó dicho concepto, al plantear desde un punto de vista estructural los distintos estadios de las vivencias infantiles. Pero sin duda fue la Escuela inglesa de Psicoanálisis, con los trabajos iniciados por Melanie Klein y continuados por Balint, Bion y Winicott, los que jerarquizaron la idea de relación de objeto. Ellos invirtieron la posición freudiana, al postular que las modalidades fantasmáticas que el sujeto adquiere y elige en el mundo exterior, se basan en la relación objetal. Surge entonces, el planteo controvertido de que las actividades del sujeto son modeladas por los propios objetos, sean estos parciales, totales, reales o fantaseados.
A mi criterio con esta inversión, se corre el riesgo de desresponsabilizar al individuo y su realidad psíquica, condicionando la construcción del aparato mental a la influencia de los objetos. Como consecuencia se sustituye la noción de “estadio” por la de “relación de objeto” y se acentúa de manera privilegiada el rol inicial de la madre, en lugar de “imago parental”, propuesto desde los orígenes de Psicoanálisis por S. Freud.
A partir de la década de 1950, Jacques Lacan critica el creciente lugar del fenómeno relacional de la Escuela inglesa con la intención de reflotar la ubicación del “objeto en sí” en el sentido freudiano: la cuestión de pensar un cierto tipo de satisfacción, frustración o trauma en la interrelación del sujeto con los objetos, sean estos personas totales(padre, madre u otros seres del entorno familiar significativo en la infancia), sean estos objetos parciales en la concepción de pulsión gestada a partir de “Tres ensayos de una teoría sexual infantil” de 1905. La misma teoría pulsional sufre más tarde en Freud una complejización progresiva, con la posibilidad de dar respuesta al dilema que presenta la verdad histórica y la realidad psíquica, como determinantes del comportamiento ulterior del ser humano.
Con posterioridad a los Seminarios de 1956, Lacan arriba a su propia teorización, intermedia entre la idea clásica de Freud, el movimiento kleiniano y el planteo de Winicott, al introducir con status metapsicológico el concepto de perdida estructural del objeto y de falta. Lo denomina “objeto a”, objeto causa del deseo que sustrae al sujeto al determinismo inconsciente y al lenguaje, le otorga a dicho elemento el carácter de no representable, como también de formar parte estructural en la constitución del psiquismo humano. Como resulta evidente, la noción de “relación de objeto” resulta compleja, controversial y genera teorizaciones diferentes según el esquema referencial que una investigación psicoanalítica adquiera.
Este trabajo se adscribe a una posición cercana a la freudiana, siguiendo desarrollos de Jean Laplanche y Jean Bertrand Pontalis, en los cuales se encuentran ciertas articulaciones entre relaciones objétales y la noción de autoerotismo: el hecho de prescindir de un objeto externo no quiere decir que el autoerotismo primario sea una fase anobjetal en la vida temprana. La acción de seres significativos en un niño desde su nacimiento hasta la latencia es registrada por las distintas formas de percepción del infante en crecimiento, ya sean visuales, motrices, auditivas, cutáneomucosas, olfativas, propioceptivas, del equilibrio laberíntico o gustativas. Se van fijando de esta forma las pulsiones parciales en relación a los deseos, cuidados y afectos del entorno cercano y familiar, también se podría decir en función del deseo de otros.
Cito para ejemplificar a Laplanche y Pontalis: ”no existe ninguna vía preformada que encamine al sujeto hacia un determinado objeto.[...] Esta teoría no implica la afirmación de un estado primitivo “no objetal”. En efecto el chupeteo que Freud considera como modelo de autoerotismo sigue una primera etapa en que la pulsión sexual se satisface en apoyo sobre la pulsión de autoconservación (el hambre) y merced a un objeto externo: el pecho materno”.
El segundo aspecto de la investigación es el destino pulsional. Surge la idea de la utilización del mecanismo de defensa estructurante denominado “transformación en lo contrario” y presentado como un destino posible por Freud en 1915, en el texto “Pulsiones y destinos de pulsión”. El planteo sería entonces, que las pulsiones autoeróticas se invertirían en forma desfigurada hacia la realización de placer en las masas, para aquel individuo virtuoso en algún sentido que lograra consumarlo y de esta manera revivirlo a través de los otros: sus cuantiosos seguidores.
Puede servir de analogía lo planteado en los escritos de Freud respecto del “altruismo”, donde afirma que un gran monto de libido narcisista se transformara en lo contrario y se desplaza como libido objetal hacia la sociedad, en general con el beneplácito y la admiración de la masa. Esta idea fue presentada en 1917 en “Conferencias de introducción al Psicoanálisis”. Cito parte del texto de la 26° conferencia, titulada “La teoría de la libido y el narcisismo”: “... Cuando se habla de egoísmo se tiene en vista la utilidad para el individuo, cuando se mienta el narcisismo, se toma en cuenta también su satisfacción libidinal. Con fines prácticos, los dos pueden estudiarse por separado un largo trecho. Se puede ser absolutamente egoísta y no obstante, en la medida que la satisfacción libidinosa en el objeto se siente entre las necesidades del yo, el egoísmo cuidará después que las aspiraciones al objeto no traiga perjuicios al yo. ... (En cambio)... Se puede ser egoísta y al mismo tiempo extremadamente narcisista, es decir, tener una muy escasa necesidad de objeto”.
Una de las reflexiones que presento en esta investigación, es que la reversión de montos de autoerotismo llamado primario, que mediante su transformación en lo contrario, se vuelcan a las vivencias de intenso placer heterónimas en los individuos conglomerados en masas, al deleitarse con acciones de su ídolo. Dicho mecanismo le permite al líder la proyección de sus aspectos autoeróticos reprimidos. Como se desarrollará más adelante y en correspondencia a lo recién citado, los dos autoerotismo y narcisismo, pueden estudiarse por separado con fines prácticos durante un largo trecho.
El destino de la libido narcisista del ídolo popular que acompaña el monto libidinoso autoerótico planteado entre la masa y su líder, podrá seguir dos caminos diferentes: el primero volcarse hacia sí mismo, generando una hipertrofia del sentimiento de grandor del yo. O bien un segundo camino más saludable, en donde la libido narcisista aumentada del ídolo popular por las pasiones de la masa, se dirija de manera objetal sobre ella, de tal forma que la excitación generada por el ídolo en sus admiradores sea la fuente y motor de sus producciones, ya sean estas artísticas, deportivas o políticas. También servirá este último destino de libido como barrera protectora frente a la primera posibilidad de megalomanía individual y a su vez condicionará la magnitud de esta última a la repercusión que consiga en su público admirador Desaparecida la unión pasional entre el ídolo y la masa, por la lógica involución que trae el pasaje del tiempo o la aparición novedosa de un reemplazante “de moda” más convocante en algún sentido, el dotado sujeto en cuestión podrá realizar el duelo de la situación gozosa, canalizando su energía libidinal hacia entornos más pequeños y reservados.
Mención especial cobran las pulsiones parciales de mirar y ser mirados, que en cualquiera de las actividades mencionadas: el deporte profesional, las artes (especialmente en las visuales), en la oratoria y en la política dicho par antitético interviene de manera destacada. Construir la dinámica que lleva a que el intenso placer infantil de mirar pasivamente el despliegue estético de seres significativos es revivido en su inverso en la adultez, al convocar a ser mirado por multitudes mediante alguna destreza montada activamente, ya sea en un estadio colmado, en las muestras de museos o de salas cinematográficas o desde algún escenario para un mitin político masivo.
Es cierto también que el terreno pulsional recientemente mencionado se mezcla con facilidad con importantes resarcimientos narcisistas, como podemos desmenuzarlo en la conjunción gramatical de ser mirado y ad mirado. El primer eje está más referido a la realización del placer exhibicionista y el segundo a la satisfacción narcisista. Resulta casi reiterativo confirmar que “ser mirado y admirado”, constituyen dos metas significativas en las actividades laborales mencionadas, pero creo que dicha redundancia sirve a la claridad del planteo y de la investigación.
En la situación de aquellos sujetos excepcionales que consiguen consumar el ideal de ser ídolo de pueblos, pueden observarse dos situaciones diferentes que estarían sujetas al destino del componente de la libido narcisista (entendida esta última de forma estructural como acompañante de todo comportamiento humano). Por un lado, se encuentran quienes ante el éxito masivo, la fama y la idolatría, no se ven afectados y persisten en el ejercicio de su disciplina hasta que llega el momento del retiro natural y bien logrado. En general, son los que pasan a formar parte de las celebridades en la historia de la humanidad. Por el otro lado, están aquellos que caen en la vivencia megalómana cuando se transforman en ídolos de masas, son los que popularmente la gente dice: “los mareo la fama”. No se sostienen y terminan prematuramente sus epopeyas y hazañas con ruidosos fracasos, sucesión derrotera de inconvenientes y algunas veces en forma trágica.
Epílogo
Posiblemente una sustancia que provoca una intensa excitación hedonista como la cocaína, se comporte como el combustible ideal para empujar hacia la megalomanía. Parece ser el caso de Maradona. y las drogas. Utilizando una expresión mediática muy frecuentada “se creyó Dios” con la cocaína, a diferencia del astro brasileño Pelé que decía que los éxitos deportivos por él logrados fueron por voluntad de Dios, confesándose muy católico. Esta última posición de referir fuerzas poderosas ajenas al yo, lo ubican en una posición tercera con referencia al Gran Otro y lo salvan de caer en la trampa de la megalomanía narcisista. En otras palabras se podría decir que la invocación a Dios (que para una lectura psicoanalítica es la alusión a lo inconsciente), lo sostiene como sujeto barrado manteniendo separado su Yo del Yo Ideal, mientras que la fusión del Yo y el Ideal, como lo planteó Jorge Kury en un desarrollo sobre megalomanía y libido homosexual, obtura la castración simbólica y el soporte de la estructura del deseo, cayendo en un estado de goce absoluto.
Para concluir, esta investigación utiliza elementos que son de público conocimiento y que permiten pensar psicoanalíticamente sucesos históricos que tienen grandes repercusiones afectivas en la gente, como “el fenómeno Maradona”. Nuestra disciplina se ve enriquecida con el acercamiento y la articulación a las vivencias que cobran trascendencia en la sociedad a la que pertenecemos, evitando el riesgo del aislamiento intelectual en sociedades académicas que funcionen disociadamente de la gente.
Desde prácticamente el origen del psicoanálisis, el interés múltiple y abierto a otros campos se opuso a que códigos crípticos y cerrados lo alejen de su relación con la comunidad. La problemática de las adicciones, el comportamiento de las masas, la dinámica de las relaciones intersubjetivas y la alternancia del principio de placer y del goce así como su distribución, son temas que incumben a desarrollos metapsicológicos, permitiendo el mayor crecimiento teórico del psicoanálisis, así como también aplicaciones más eficientes en la práctica.
Los cambios culturales en la evolución de la humanidad, los hechos históricos que tienen repercusión en los pueblos, las creaciones artísticas y el progreso de otras ciencias y de la tecnología, traerían inconvenientes mayores a nuestra ciencia si nos encuentra a los psicoanalistas indiferentes ante ellos o inmersos solamente en intestinas discusiones teóricas, que aumentan incluso el grado de rivalidad y hostilidad entre pares, como sucede en la dinámica de todo grupo humano endogámico. Este trabajo sólo intenta explorar algunas ideas, seguramente diferentes concepciones psicoanalíticas podrán plantear otras preguntas y encontrar otras respuestas.
*Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Guatemala 5959. Buenos Aires.
Argentina (CP1425)
PD: -Trabajo publicado con el título de “Estudio de la desmentida en un cuadro adictivo: Maradona con Sade” en la Revista de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, Vol 26, N° 3 del 2001.
- Trabajo publicado con el mismo título en la Revista da Sociedade Brasileira de Psicanáñise de Porto Alegre, Vol. 6, N° 1 del 2004.
- Trabajo publicado en la Revista de Psiquiatría on Line de INTRAMED en 2004.
E- mail:
info@intramed.netBIBLIOGRAFIA
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