D R. G A B R I E L J U R E

MEDICO PSIQUIATRA Y PSICOANALISTA GUEMES 677.SAN SALVADOR DE JUJUY.PCIA. DE JUJUY.ARGENTINA(CP: 1425).*Ex- Jefe de Residentes del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano. *Título de Psiquiatra otorgado por el Ministerio de Salud en 1990. Recertificación del título de Psiquiatra en 2000. *Ex- Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

martes, julio 26, 2005

EL AMOR EN LA POSMODERNIDAD

EL AMOR EN TIEMPOS POSMODERNOS

*Dr. Gabriel Jure

Desde hace un siglo, el psicoanálisis planteo a la convivencia rutinaria como una fuerza antisexual en el devenir de las relaciones eróticas y amorosas cuando pasan años de estar en pareja, como se observa en muchos matrimonios que traspasan una o varias décadas de unión. Aunque no la única, una de las reacciones posibles frente a la rutina en la vida marital que parece haber surgido, sobre todo en Europa, es la tendencia a tomarse vacaciones independientes, de común acuerdo y durante el tiempo que se dispone de ellas, parcial o total.
Lo novedoso no parece ser la necesidad de separarse por periodos de la convivencia, ya que las separaciones transitorias han existido desde siempre, nada más que debían obedecer a razones socialmente justificadas: visitar a una familiar lejano enfermo o carenciado en algún sentido, motivos laborales o de búsqueda de trabajo (como se vió en algunos de los grandes movimientos migratorios), obligaciones laborales que imposibilitaban tener vacaciones a uno de los cónyuges, convocatorias a la guerra, etc.
Todavía no se pueden medir fehacientemente los efectos de esta innovación, como pasó en los tiempos “libertarios” que sucedieron al mayo francés cuando se intentó implementar el tema de las parejas abiertas, que eximían el compromiso de fidelidad mutua. Ese planteo dio como resultado más fracasos amorosos y disoluciones de parejas que mayores beneficios sexuales y éxitos conyugales. Como resabio de ese fenómeno, la actualidad de los swingers parece ser más una dinámica vincular minoritaria que certifica que “la excepción hace a la regla”. Las relaciones abiertas matrimoniales no toman en cuenta la condición egoísta de la vida amorosa en los seres humanos, que sufre una fuerte herida al narcisismo cuando se descubre una infidelidad. A pesar de ello, afortunadamente sólo en pocos ocasiones terminan en crímenes o venganzas pasionales.
Retomando el tema de vacaciones conyugales, por la experiencia clínica, se deduce que cuando cada uno se va por su lado puede deberse a por lo menos tres tipos de dinámica imperante en el vínculo de una pareja: la primera en donde la acumulación de malestar, peleas y desavenencias en la relación lleva a constituirse en el preámbulo de una separación definitiva. La segunda es cuando se debe al deseo de tomarse unas vacaciones de la relación con el otro, manteniéndose durante la separación los compromisos y acuerdos prometidos mutuamente a partir del proyecto común que emprenden dos sujetos cuando se enamoran y conviven, casados o no. En este caso no podríamos dejar de conjeturar que hay en la pareja un síntoma vincular, sería la imposibilidad de disfrutar juntos el periodo social más apto para ello: las vacaciones, libres de las exigencias laborales que restringen el placer en beneficio de la organización cultural.
La tercera, que es la que convoca este escrito, sería la aparición de un cambio en la moral en las relaciones de pareja que mediante una supuesta condición psíquica más generosa y fortalecida, permita gozar durante un breve tiempo anual de vacacionar como si fueran solteros sin que esto constituya un daño al vínculo amoroso, sino lo contrario, es decir sería una inyección trófica de erotismo y amor en la pareja, menoscabada por la rutina y la convivencia diaria. Se pasaría así a que la vida conyugal que hasta ahora exige resignar condiciones de soltería, empezaría a tener condiciones de reversibilidad transitoria y no como lo plantea el matrimonio convencional “unidos hasta que la muerte -o el divorcio- los separe”. Vislumbro particularmente con escepticismo esta posibilidad, porque el carácter egoísta y narcisista del amor en los seres humanos limita la capacidad de soportar la afrenta de compartir la persona amada con otro u otros, por más que sea por un tiempo acotado y breve en el transcurso de un año. La condición por lo menos ilusoria de fidelidad en la vida amorosa de las personas sigue siendo una necesidad y una fuente de bienestar. Los hermosos versos poéticos que dicen. “...la prefiero compartida antes que cambiar mi vida, no es perfecta más se acerca a lo que yo simplemente soñé...”, aparecen como una enunciación romántica e idealista que en general se hace pedazos cuando se consuma en los hechos, por lo menos hasta ahora.