LA CRISIS ARGENTINA EN NUESTROS NIÑOS

IMPACTO DE LA CRISIS EN NUESTROS NIÑOS
*Publicado en La Nación en junio de 2001
Los efectos traumáticos de la gran crisis económica que padecemos en la actual Argentina no tiene miramientos: afecta por igual a adultos, a niños y ancianos. Sin embargo, existen diferencias que es conveniente tener en cuenta para que a partir de esa consideración preliminar, se puedan plantear algunas reflexiones y, de ese modo, delinear ciertos comportamientos que serán más adecuados y protectores. Indudablemente esta penosa realidad nacional actúa como factor de gran intensidad traumática para la mente de todos pero, lamentablemente, afecta de manera mucho más profunda a los más débiles: a los niños en proceso de estructuración psíquica y a los ancianos, cuyo monto energético vital ha ido disminuyendo con el transcurrir de la vida.
En este escrito se ahondará sobre el cuidado y la protección que requiere la mente infantil, por la situación de mayor desvalimiento y dependencia de adultos responsables; porque los pequeños al hallarse en pleno proceso de crecimiento y maduración, tanto física como psíquica, no cuentan con un aparato mental sólido y formado, sino lo contrario: poseen un psiquismo mucho más vulnerable.
A veces existe una modalidad que se despliega en la dinámica entre padres e hijos, que fue muy estudiado por el psicoanálisis, tanto en la teoría como en la clínica: la "hiperprotección" de los hijos como tendencia conductual consciente e inconsciente de los padres o sustitutos de estos. La hiperprotección es la conducta de los adultos que tienden a preservar exageradamente a los niños de la más mínima frustracion, riesgo o situacion dolorosa, intentan así criarlos dentro de una "cajita de cristal". Estos hijos cuando llegan a la madurez están menos preparados y tiene una menor fortaleza psíquica para soportar los apremios de la vida.
Pero no se habla del antónimo que sería la "hipoprotección", aunque este fenómeno existe y mucho, en los senos familiares. Se utiliza la palabra desprotección, con notable menos frecuencia. Es que la desprotección por parte de los padres con los hijos, algunos con motivos más excusables que otros, nos acerca ominosamente a la figura de "padres abandónicos". Los padres abandónicos son aquellos que la mayor parte del tiempo se desentienden de la educación y crianza de los hijos, por ejemplo hombres o mujeres presos de intensas depresiones crónicas o con graves alteraciones mentales, así como padres hiperocupados laboralmente que destinan escaso tiempo a la convivencia y comunicación con los hijos y la familia.
El abandono por parte de la madre y/o el padre, se constituye en una de las situaciones traumáticas infantiles de más difícil elaboración y generadora de una vasta patología mental, porque en la infancia se van incorporando enseñanzas, rasgos de caracter, virtudes y ejemplos, así como actitudes afectivas que tienen padres y educadores, estructurando aspectos importantes de la mente. La “gran crisis argentina” que estamos padeciendo, la entiendo como la resultante de descuidos, desprotecciones y abandonos que nos impusieron durante una década, modelos económicos salvajes, instrumentadas hábilmente por impiadosos gobernantes nacionales y sus dirigentes internacionales (tanto en la teoría como en la ejecución), que a mi criterio se constituyeron en "padres abandónicos sociales". Habitualmente en los gobernantes, en la Justicia y en las fuerzas de seguridad, los pueblos depositan esperanzas de recibir protección y fuentes nutricias, como en la niñez se depositó esos anhelos en la figura de padre protector y de madre nutricia. Cuando esto no ocurre, -como pasó en esta "gran crisis argentina"-, ya sea por incompetencia o lo que es más grave, por corrupcion o negligencia y tampoco se instrumentaron medidas políticas que tiendan a ese fin, se sufre la sensacion de abandono de parte de ellos: políticos y jueces, quienes hoy en su gran mayoría, estan siendo fuertmente cuetionados por sectores importantes de la población.
Entonces un riesgo que se corre en la actual crisis nacional, es que los martirizados padres actúen activamente con los hijos lo que ellos sufrieron pasivamente, generalmente en forma inconsciente: así adultos que no son escuchados en su reclamos no atienden a sus hijos, o padres que viveron situaciones de violencia pública castigan fuertemente a sus infantes. También encontramos exposiciones excesivas de niños a la problemática adulta de sus padres, descuidos de la contención afectiva y del diálogo que más que nunca requiere la situación. Por otra parte, resulta impresindible la preservación de espacios de juegos infantiles, aislados de alguna manera del clima de malestar, hostilidad y depresión que sufrimos la mayoría de los adultos, en este momento histórico: el peor de la Argentina.
A pesar del tono hiperactivo y por momentos exagerado, la misión protectora que encarna el protagonista de la película "La vida es bella" con el hijo pequeño, ante distintas situaciones traumáticas por las que debieron atravesar por ser víctimas del nazismo, puede servir de ejemplo a seguir para los sufridos padres argentinos en este negro comienzo de siglo.
He expresado en otro escrito que la idea de que la" gran crisis argentina", -que asombra a casi todo el mundo y duele hondamente en algunos países solidarios-, puede ser pensada como una situación de posguerra sin guerra, es decir sin que haya habido acciones bélicas de gran intensidad y duración, como lo fueron las dos Guerras Mundiales del siglo pasado. Pero es importante destacar la diferencia con ellas: al no existir el elemento visible traumatizante –la guerra-, el fenómeno es mucho más alienante y enloquecedor, así como mayor su poder patogénico sobre la psiquis humana. Es como si nos encontráramos en un país arrasado por huracanes, pero en donde nunca soplaron grandes vientos ni cayeron poderosas tormentas. Este estado de desconcierto es el que observo en mucha gente, con dos salidas habituales: la más prudente es la actitud de espera hasta que escampe y la otra, más desafortunada, es la de aquel que cae en estado de desesperación, decapitando cualquier alternativa que surja, por más que esta pueda resultar benéfica.
Para terminar, pensemos que muchos pueblos con sacrificio y valentía, inclusive menores que el que tiene la ciudadanía nacional en estas circunstancias, han salido de la crisis y se han recuperado. Y que muchos niños que pasaron por esas experiencias sufrientes y fueron protegidos y cuidados por sus padres, al poder elaborar y resignificar el trauma, se convirtieron en la madurez, en ciudadanos ejemplares que sirvieron y sirven al bien común.
*Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Full Member of the International Psychoanalytical Association

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